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miércoles, 13 de octubre de 2021

Conquista Romana de Galicia


En Galicia hubo asentamientos de población desde épocas prehistóricas. Los griegos conocían a los habitantes de este extremo peninsular con el nombre de Kallaikoi. Esta región fue la más celtizada de la península Ibérica.

Los romanos penetraron en Galicia la primera vez en el año 137 a.e.c bajo el mando de Dacio Junio Bruto, para acabar con la ayuda militar que los galaicos prestaban a los lusitanos; y sobre todo por los intereses económicos.

Ocuparon el sur de la Gallaecia, entre los rios Duero y Limia , pero no cruzaron este río por su creencia de quien lo cruzaba perdía la memoria de su origen y su familia. La segunda invasión tuvo lugar en el 61 a.e.c por Julio César. Este temeroso de la leyenda del río Limia, con mucho ingenio la invadió por mar, desembarcando en Brigantium, en la parte de la costa que hoy ocupa la ciudad de La Coruña. La tercera invasión la efectuó Augusto en el año 29 a.e.c, a causa del alzamiento contra Roma de los cántabros, astures y galaicos. En la batalla del Monte Medulio las legiones romanas derrotaron el alzamiento y establecieron la pax octaviana en la Península Ibérica. La población fue esclavizada prácticamente en su totalidad.

La provincia romana de Gallaecia, era mucho mas extensa que la Galicia actual, también comprendía el norte de Portugal, entre el Duero y el Miño, donde estaba su capital, Braga, Asturias, Cantabria y parte de lo que serían los reinos de León y Castilla.

La red viaria estaba formada por diferentes vías que enlazaban las ciudades fundadas por Augusto: Bracara Augusta (Braga); Asturica Augusta (Astorga ) y Lucus Augusti (Lugo). Construyeron cuatro vías principales, que a su vez disponían de varias vías secundarias. Las vías romanas principales eran las numeradas como XVII, XVIII, XIX y XX en el Itinerario del Emperador Caracalla.

Con la caída del Imperio Romano y la invasión de los pueblos germánicos, el territorio de Gallaecia forma parte de los foedus que acuerdan los diferentes pueblos invasores con Roma.

martes, 5 de octubre de 2021

Conquista Romana de la Carpetania


Las primeras incursiones de tropas romanas por el actual territorio de Madrid datan de comienzos del siglo II antes de Cristo. 

Roma había consolidado su dominio en todo el litoral levantino y en buena parte de la Bética, territorios que habían pasado a formar las provincias Citerior y Ulterior. Sin embargo, su explotación económica tropezaba con los continuos ataques y saqueos de pueblos limítrofes. Durante el primer cuarto del siglo II a.e., la política militar romana en la península estará dirigida a lograr unas fronteras seguras, alejadas de las principales zonas de explotación. 

Las duras operaciones militares entre 191 y 179 a.e., junto con la política de pactos y alianzas con las tribus indígenas desarrollada por Sempronio Graco, mantendrán pacificada la Carpetania durante los siguientes treinta años, situándose la frontera entre el Tajo y Sistema Central. El estallido de la Guerra Lusitana, en el 147 a.e. trasladará de nuevo las operaciones militares al centro peninsular, quedando la Carpetania fuera del control romano. 

El fin de la guerra, tras la muerte de Viriato, supondrá un nuevo avance de las fronteras romanas en la península , que traspasarán el Sistema Central. La Carpetania será definitivamente incorporada al dominio romano. 

La arqueología no ha proporcionado hasta el momento demasiados datos sobre este proceso. Los poblados carpetanos de nuestra región no muestran señales de lucha, aunque su propio carácter fortificado o el abandono de muchos de ellos, en un momento impreciso del siglo II a. e., se puedan poner en relación con la conquista romana. Tampoco son muy abundantes los materiales directamente relacionables con esta etapa (monedas o cerámicas)

martes, 22 de diciembre de 2020

La conquista Romana de la Península - Capítulo 3


LAS GUERRAS LUSITANAS Y CELTIBÉRICAS. SEGUNDA FASE DE LA CONQUISTA 

La falta de tierras y de medios obligaba a un amplio sector de la población lusitana, que vivían del pastoreo en las montañas, a descender y realizar incursiones sobre las ricas tierras del sur, práctica también utilizada por sus vecinos los vettones, ubicados entre la sierra de Gredos y la sierra de la Estrella, y que, con frecuencia, se unían a los primeros. 

En  el año 155 a. C. se inician las primeras incursiones de estos lusitanos, dirigidos por Púnico y Caisaros, que ocasionaron grandes pérdidas al ejército romano. Así comenzaba esta guerra que fue uno de los conflictos bélicos más duros y prolongados que tuvo que soportar Roma, pues fueron veinte años de guerra en dos frentes abiertos: Lusitania y Celtiberia. La guerra contra los lusitanos alcanzó su periodo más crudo entre los años 151 al 139 a. C., tras las represiones del pretor Galba que, conociendo el problema de los lusitanos, les atrajo con la falsa promesa de repartos de tierras. Cercó y masacró con sus tropas a una gran cantidad de ellos. Las cifras oscilan entre 9000 y 30000 hombres, como cita Suetonio: “Hizo pasar a treinta mil lusitanos a cuchillo por traición, lo que fue causa de la guerra de  Viriato”. Tal suceso provocó que  Viriato, que había sobrevivido a esta matanza, se alzara como caudillo de los rebeldes contra el dominio y la crueldad romana, manteniendo en jaque al ejército romano hasta su muerte en el año 139 a. C., fecha que aunque no supuso el final de la rebelión, al menos permitió a Roma centrar su atención en el núcleo celtibérico. Un  año después, 138 a. C., el cónsul Decimo Junio Bruto pacificó esta región, llegando en sus campañas hasta el Miño, donde pudo comprobar las riquezas de las minas del Noroeste, uno de los objetivos de esta expedición. 

El  otro bloque de la guerra tuvo unas motivaciones diferentes, además del interés de Roma por una definitiva dominación. Se  basó en la acusación a los celtíberos de no cumplir los pactos establecidos con Sempronio Graco y proceder a fortificar sus ciudades, ya que la ciudad de  Segeda, en Belmonte (Calatayud) proyectaba ampliar sus murallas. El  cónsul Nobilior obligó a sus habitantes a abandonar la ciudad. Estos pueblos vacceos, durante los años 143-133 a. C., acaudillados por  Numantia, se unieron en un frente común contra Roma3. 

Roma fue tomando las ciudades de los vacceos:  Cauca (Coca, Segovia), Intercatia (Villalpando, Zamora),  Pallantia (Palencia). Numantia, centro fortificado más importante, quedó como el último reducto de esta oposición. Esta ciudad ha permanecido de forma legendaria como mito de la resistencia hispana. De su gesta el historiador Floro comentaba: “Numancia, aún siendo inferior en poderío a Capua, Cartago o Corinto sin embargo, es equiparable a todas ellas por su fama y su valor … porque con escasos medios resistió sola durante once años a un ejército de cuarenta mil hombres…”

Sin embargo, cuando el genio militar de Publio Cornelio Escipión Emiliano, vencedor de Cartago, se hizo cargo del ejército acampado ante sus murallas y procedió a su conquista, Numancia apenas duró algo más de un año.

Pilar Fernández Uriel

lunes, 14 de diciembre de 2020

La conquista Romana de la Península - Capítulo 2

CATÓN EN LA PENÍNSULA 


A  pesar de que las fuentes nos cuentan las riquezas que los pretores llevaban a Roma, (Apiano, Livio, completadas con Plutarco), los acontecimientos que siguieron no debieron ser muy favorables, pues pronto se produjo una rebelión en el valle del Guadalquivir, dirigida por dos régulos: Culchas, que según las fuentes dominaba sobre 17 ciudades, y Luxinios, rey de  Carmo y  Bardo, entre otras poblaciones. A ellas se añadieron ciudades fenicias como  Malaca y  Sexi y los habitantes de la región comprendida entre el Guadiana y el Guadalquivir (Baeturia). De  ello se deduce el inestable pacto con los indígenas y la brutal explotación continua de Roma. 

En  el año 196 a. C., resueltos los problemas en Oriente, el Senado decidió enviar uno de los cónsules del año 195 a. C.: M. Porcio Catón. Su  desembarco en  Rhode (Rosas) y el formidable despliegue de las tropas romanas hacia  Tarraco debió de causar tal impresión a los indígenas que esto fue suficiente para su sumisión. Solo una ciudad,  Segestica, de ubicación aún desconocida, se resistió y fue sitiada y tomada. 

Casi toda la obra de Catón se centró en la provincia Citerior. Cita Livio como operaciones militares, la toma de  Seguntia (Sigüenza) y acciones de castigo en torno a  Numantia. Más tarde tomó la ciudad de Bergio.  Terminado su año de consulado, volvió a Roma donde le fue concedido el triunfo. Llevó consigo una riqueza tal al tesoro público como no había logrado ningún gobernador hasta la fecha. 

Su  sucesor,  Tibero Sempronio Graco desarrolló un eficiente sistema de pacificación, fundamentado en tratados y alianzas con las comunidades indígenas. Estableció el pago de un tributo anual. Llevó a cabo una política de distribución de tierras entre sus gentes y pactó la posibilidad de su incorporación en el ejército como tropas auxiliares. Sin duda alcanzó el saldo positivo de lograr treinta años de cierta paz en las provincias hispanas. Sin embargo, la postura intransigente y de saqueo de Roma, agravada por los problemas sociales y la pobreza de muchos sectores indígenas, desembocó en un nuevo periodo de guerra aún más largo y penoso: las guerras celtibero-lusitanas. 

Pilar Fernández Uriel

viernes, 11 de diciembre de 2020

La conquista Romana de la Península - Capítulo 1

LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA Y LOS INICIOS DE LA INTERVENCIÓN ROMANA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA. PRIMERA FASE DE LA CONQUISTA 


Antes de marchar Anibal hacia Italia dejó cubiertas y establecidas muchas operaciones necesarias en Hispania. Realizó una rápida incursión hacia  Salmantica (Salamanca) y  Arbucola (Tal vez  Toro  o Zamora), donde reclutó varios miles de mercenarios destinados a la defensa de Cartago. Retuvo en  Saguntum y  Cartago Nova a rehenes de las principales familias indígenas que garantizaran no sólo su sumisión, sino que impidiera su inclinación al romano. 

Estableció sus fuerzas de forma estratégica; Asdrúbal se situó al sur y Hannon al norte del río Ebro, para que cerraran el paso al ejército enemigo, al mismo tiempo que permitían una comunicación segura y abierta a cualquier ayuda procedente de Cartago. En  el año 218 a. C., Cneo Escipión, al mando del ejército romano, junto con su hermano Publio, desembarcaba en  Emporion, ciudad de origen griego, aliada de Roma. Atravesó el valle del Ebro, recuperó Saguntum y se dirigió hacia el sur. Su  desenvolvimiento por la península se señala por dos caracteres fundamentales: la rapidez de su avance y el despliegue diplomático con los indígenas, liberando a los rehenes de Cartagena y Sagunto y atrayéndose a reyezuelos como Indíbil, Mandodonio y Edecón, rey de los edetanos. Sin embargo, su táctica resultó ser excesivamente arriesgada. Ambos generales romanos, Cneo y Publio cayeron en  Urso y  Castulo respectivamente en el año 211 a. C. 

Poco después llegaba a Hispania el hijo de Publio Escipión, Publio Cornelio Escipión, el vencedor definitivo de esta guerra. En  el año 209 a. C., Escipión sometió la ciudad de  Carthago Nova, que pasaría de ser la capital cartaginesa al núcleo principal romano desde el cual se procedió a una campaña de sometimiento sistemática de los territorios que se encontraban bajo el control cartaginés. Así cayeron  Castulo (Linares), Baecula (Bailén),  Ilipa (Lora del Río) y  Carmo (Carmona), con el resto de Bética y  Turdetania. 

La fenicia  Gades, que no se hallaba muy conforme con el dominio púnico, prefirió establecer con Roma un pacto ventajoso. En  el año 206 a. C. fueron expulsadas las últimas fuerzas que Cartago mantenía en el sur de la Península. Era el final de la dominación púnica de los Barca, iniciada 30 años antes. 

La victoria de Zama en el año 202 a. C. sobre Cartago, convertía a Roma en la potencia indiscutible en el Mediterráneo. Ello suponía la anexión de nuevos territorios, entre los que se encontraban todo el sur de la península ibérica, desde  Gades hasta  Carthago Nova, las ricas tierras del Levante y las del valle del Ebro. 

Desconocemos hasta qué punto Roma habría planeado la conquista de Hispania en su enfrentamiento con Cartago, pero, conocidos sus grandes recursos humanos y económicos, no quiso renunciar a ellos. A partir de entonces, se consolidó la presencia y el asentamiento de Roma. Tras un periodo de enfrentamientos como el acaudillado por Ildíbil y Mandonio, alternado con pactos, alianzas, gestiones y tentativas de controlar el territorio, Roma inició su definitivo establecimiento en la península.

Pilar Fernández Uriel