martes, 22 de diciembre de 2020

La conquista Romana de la Península - Capítulo 3


LAS GUERRAS LUSITANAS Y CELTIBÉRICAS. SEGUNDA FASE DE LA CONQUISTA 

La falta de tierras y de medios obligaba a un amplio sector de la población lusitana, que vivían del pastoreo en las montañas, a descender y realizar incursiones sobre las ricas tierras del sur, práctica también utilizada por sus vecinos los vettones, ubicados entre la sierra de Gredos y la sierra de la Estrella, y que, con frecuencia, se unían a los primeros. 

En  el año 155 a. C. se inician las primeras incursiones de estos lusitanos, dirigidos por Púnico y Caisaros, que ocasionaron grandes pérdidas al ejército romano. Así comenzaba esta guerra que fue uno de los conflictos bélicos más duros y prolongados que tuvo que soportar Roma, pues fueron veinte años de guerra en dos frentes abiertos: Lusitania y Celtiberia. La guerra contra los lusitanos alcanzó su periodo más crudo entre los años 151 al 139 a. C., tras las represiones del pretor Galba que, conociendo el problema de los lusitanos, les atrajo con la falsa promesa de repartos de tierras. Cercó y masacró con sus tropas a una gran cantidad de ellos. Las cifras oscilan entre 9000 y 30000 hombres, como cita Suetonio: “Hizo pasar a treinta mil lusitanos a cuchillo por traición, lo que fue causa de la guerra de  Viriato”. Tal suceso provocó que  Viriato, que había sobrevivido a esta matanza, se alzara como caudillo de los rebeldes contra el dominio y la crueldad romana, manteniendo en jaque al ejército romano hasta su muerte en el año 139 a. C., fecha que aunque no supuso el final de la rebelión, al menos permitió a Roma centrar su atención en el núcleo celtibérico. Un  año después, 138 a. C., el cónsul Decimo Junio Bruto pacificó esta región, llegando en sus campañas hasta el Miño, donde pudo comprobar las riquezas de las minas del Noroeste, uno de los objetivos de esta expedición. 

El  otro bloque de la guerra tuvo unas motivaciones diferentes, además del interés de Roma por una definitiva dominación. Se  basó en la acusación a los celtíberos de no cumplir los pactos establecidos con Sempronio Graco y proceder a fortificar sus ciudades, ya que la ciudad de  Segeda, en Belmonte (Calatayud) proyectaba ampliar sus murallas. El  cónsul Nobilior obligó a sus habitantes a abandonar la ciudad. Estos pueblos vacceos, durante los años 143-133 a. C., acaudillados por  Numantia, se unieron en un frente común contra Roma3. 

Roma fue tomando las ciudades de los vacceos:  Cauca (Coca, Segovia), Intercatia (Villalpando, Zamora),  Pallantia (Palencia). Numantia, centro fortificado más importante, quedó como el último reducto de esta oposición. Esta ciudad ha permanecido de forma legendaria como mito de la resistencia hispana. De su gesta el historiador Floro comentaba: “Numancia, aún siendo inferior en poderío a Capua, Cartago o Corinto sin embargo, es equiparable a todas ellas por su fama y su valor … porque con escasos medios resistió sola durante once años a un ejército de cuarenta mil hombres…”

Sin embargo, cuando el genio militar de Publio Cornelio Escipión Emiliano, vencedor de Cartago, se hizo cargo del ejército acampado ante sus murallas y procedió a su conquista, Numancia apenas duró algo más de un año.

Pilar Fernández Uriel

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