sábado, 28 de mayo de 2022

Villa romana de Matabuey - Nava de la Asunción


El proyecto Eresma Arqueológico acaba de concluir su tercera campaña de excavación en la villa romana de Matabuey, un complejo arquitectónico de casi 2.000 años levantado en plena tierra de pinares segoviana para una aristocracia romana a la que le gustaba vivir rodeada de lujos que demostraba su alta clase social.

Un estilo de vida que evidencia los hallazgos en cada una de las prospecciones que se han realizado desde 2019 en este enclave, ubicado a muy pocos metros de lo que hoy es Nava de la Asunción. "Estamos ante un gran edificio perteneciente a la élite", explica el director del proyecto, Raúl Martín Vela, que avanza, en declaraciones a Europa Press, como en la villa se celebraban banquetes con productos, cuanto menos, "sorprendentes". "Hemos encontrado restos de aves, conejos, peces de río, pero también de mar y, lo más curioso, ostras", añade el arqueólogo segoviano.

Martín Vela advierte de que, hasta la fecha, hay "ejemplos" de consumo de este tipo de 'manjar' en yacimientos junto al mar y próximos a la costa, pero documentar una ingesta "tan voraz" en estos asentamientos es inusual, "por no decir único".

"Por un lado, nos informa del alto estatus de los habitantes de villa que no dudan en hacer traer tan apreciado manjar desde la costa. Por otro, describe la importante red de distribución de productos, en este caso de lujo, que todavía existe en Hispania a mediados del siglo IV. Estamos en unas fechas, en las que las estructuras imperiales están en crisis, pero eso no impide a las élites gozar de ricos manjares, muy seguramente, procedentes de enclaves costeros localizados a más de 400 kilómetros", continúa Martín Vela.

El director del proyecto Eresma Arqueológico apunta que la distancia no debió de suponer un problema la conservación y el transporte de este producto y recuerda que el gastrónomo romano más célebre, Marco Gavio Apicio, ya relata en sus recetarios lavar las ostras con vinagre o, bien, recubrir de pez un recipiente y colocar en él las ostras, como fórmulas para mantenerlas en buen estado.

Matabuey, situada dentro del eje de comunicaciones que existía entre las antiguas ciudades de Cauca y Segovia entre los siglos I al V después de Cristo y que tiene la particularidad de contar con una "dilatada biografía", también desvela la exuberancia en los ornamentos de la villa y que delata los gustos estéticos de sus moradores.

Así, se ha hallado un fragmento de escultura de mármol tallado con "gran calidad" y que es una de las piezas "estrella" de la campaña. "Se trata de parte de una obra de mayores dimensiones de la que, de momento, solo contamos con una pequeña porción. Es una mano extendida con una pequeña ave reposando en la palma de la mano. Su interpretación es dudosa, ya que podemos estar ante los restos de una estatua que representa a alguna divinidad, que en este caso pudiera ser Minerva, o simplemente algo más cotidiano y que tuvo su momento en la antigua Roma como era representar a niños con aves", argumenta Martín Vela.

Pero no es la única representación "artística" que se ha recuperado. Las excavaciones revelan como las paredes estaban decoradas con estucos pintados con "vivos colores" que en ocasiones contenían pequeñas escenas grabadas con posterioridad. "En una de las estancias, hemos encontrado una placa de estuco con un grafiti realizado a posteriori con ayuda de un pequeño punzón, donde se ven trazos, estrellas y el rostro de un personaje de pelo rizado y barba con un curioso rictus de enfado. Junto a él, se aprecia un pequeño texto que estamos intentando desvelar", avanza.

Pero no todo eran días de vino y ostras para los nobles romanos de Matabuey. La fatalidad también llegó a sus muros, como documentan los restos hallados en el enclave segoviano. "Esta campaña hemos podido comprobar la existencia de varias fases de construcción, es decir, de varias residencias superpuestas unas a otras. Curiosamente, el final de uno de estos edificios tuvo un carácter violento, ya que hemos podido constatar la presencia de un potente incendio que debió de asolar, al menos, una parte de la villa. Posteriormente, los moradores rehacen muros y cimientos para levantar los restos de la mansión actualmente visible y que data entre los siglos III al V después de Cristo", explica Martín Vela.

Hasta la fecha se han descubierto un total de once habitaciones localizadas en torno a un gran patio central. Algunas de ellas conservan prácticamente intactos los pavimentos a pesar de tener una antigüedad de unos 1.700 años.

"Se trata de habitaciones dispuestas en torno a un patio central rodeado de largas galerías perimetrales que describen el centro de la vida cotidiana de Matabuey. En dichas galerías, existieron pavimentos de mosaico, cuyos restos, muy alterados, son visibles en algunos puntos. De nuevo, vemos como hay varias fases de ocupación y lo curioso de este asunto es la forma en que decidieron tapar los costosos suelos hechos con pequeñas teselas con una suerte de suelo de hormigón hidráulico", añade.

Los trabajos han sido impulsados y financiados por el Ayuntamiento de Nava de la Asunción, por el GAL Aidescom Campiña Segoviana, además de contar con el patrocinio de Estrella Damm a través de Mónica Jiménez.

"Tenemos la gran suerte contar con el apoyo de las instituciones locales que promueven e impulsan estos proyectos. Su apuesta por el patrimonio arqueológico, ha permitido consolidar estas iniciativas tan necesarias en nuestro medio rural", concluye Martín Vela.

Eresma Arqueológico continuará sus trabajos de investigación en los otros tres yacimientos sujetos a estudio --dolmen de Santa Inés, Peña del Moro y Cerro Tormejón--, cuyas excavaciones se prolongarán a lo largo de todo el verano.

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