sábado, 8 de junio de 2019

Villa de Fuente Álamo - Puente Genil

Muy cerca de Puente Genil (Córdoba), a tres kilómetros de su casco urbano, se encuentra el paraje de Fuente Álamo, topónimo con que se designa un lugar, cruzado por el arroyo del mismo nombre que junto a la feracidad de sus tierras, fue el factor determinante para que hace dos mil años el hombre decidiese asentarse en este ámbito. Una sabia decisión que andando el tiempo nos proporcionará algunos de los mejores ejemplos del mundo rural en época romana.
Perteneciente, en esa misma época, al convento jurídico astigitano, la villa romana de Fuente Álamo se emplazaba próxima a la desviación del gran camino de la antigüedad, la Vía Augusta hacia Antikaria, (Antequera), y equidistante de dos ciudades importantes en la Bética, Ipagrum, la actual Aguilar de la Frontera (Córdoba), y Ostippo, Estepa (Sevilla).
La construcción de la villa data del s.III d.c. y parece seguir los apuntes del escritor latino Varrón: “a la hora de edificar la villa, deberá cuidarse de que en su recinto haya agua o, si no, que esté próxima”. Las distintas generaciones de propietarios se sucedieron hasta el siglo VI, aunque sería a finales del IV y durante el siglo V. d.c. cuando Fuente Álamo alcance su mayor esplendor y lujo, con mosaicos considerados únicos en Hispania. Precisamente este devenir generacional y el consiguiente cambio en las creencias religiosas hizo posible la existencia de una habitación cuya distribución arquitectónica hace plausible su interpretación como un lugar de culto al dios oriental Mitra cuyo uso pudiera posteriormente haberse cristianizado. De ser así estaríamos ante el Mitreo mejor conservado de toda la península ibérica.
La arquitectura de la villa está definida por la presencia del arroyo a ambos lados del cual se distribuye la edificación. Decía Columela que la capacidad y el número de las partes de la villa debe ser proporcionada al total de su recinto y ha de dividirse en tres partes: urbana, rústica y fructuaria. Y así, ocupando una amplia superficie del lado norte de la villa se sitúa la parte destinada al almacenamiento, que en el caso de Fuente Álamo probablemente fuera de vino y aceite. Cuenta con un interesante entramado de graneros u horrea sobreelevado respecto a la zona de almacenamiento y provisto de conductos de ventilación por los que circulaba aire caliente que creaba un clima seco para evitar que el trigo fermentase.
En la otra margen del arroyo, y comunicado con la parte norte a través de una galería de treinta y ocho metros que transitaba sobre el arroyo, la zona sur de la villa presenta una estructura en excepcional estado de conservación. La mayor parte de esta construcción sigue soterrada bajo los terrenos colindantes pero es altamente prometedora con alzados de muros de hasta dos metros y medio.
Aquí se encuentra el único aula tetraconque que se conoce en la Bética. Un edificio formado por un espacio central cuadrado que se completa en sus cuatro lados por ábsides semicirculares formando una estructura cruciforme, pavimentado con un mosaico con el dios-río Nilo como protagonista y a su alrededor a modo de viñetas una lucha entre una familia de pigmeos y unas grullas a las que pretenden dar caza. Un pasaje cargado de humor y algo de erotismo, manifiesto en la epigrafía que acompaña a los personajes, que ha sido muy valorado por la investigación. Junto a él se sitúan las termas de las que se conserva el hypocaustum (sala calefactada) en relativo buen estado.
La zona noble de la villa ha sido conocida tradicionalmente por su abundancia en mosaicos. Estos han venido constituyendo su principal acicate arqueológico, habiendo aportado las excavaciones controladas en la villa algunos casos excepcionales en Hispania, el mosaico del Triunfo de Baco o de las Tres Gracias. Expresión de poder, es decir, un reflejo de la posición social y de la fortuna económica del cliente, el mosaico era considerado un objeto de lujo de un alto valor adquisitivo al que no todos podían acceder. Por ello, su posesión constituía un signo de riqueza y era indispensable en la casa de cualquiera que quisiera dar la impresión de ser alguien, haciendo gala de su autoridad.
Hoy sabemos que los mosaicos de Fuente Álamo constituyen ejemplos únicos en todo el Imperio Romano. No hay nada igual desde España hasta Turquía, desde Túnez a Alemania.
Pero la historia de Fuente Álamo se aleja más en el tiempo, durante las recientes excavaciones se ha descubierto que la villa del s. III se asienta sobre lo que en otra época fue un balneario público. Datado en el siglo primero es un conjunto de grandes estanques, algunos de planta curva, que utilizaban las aguas del arroyo, probablemente consideradas salutíferas por los romanos. Mosaicos, pinturas, restos escultóricos nos hablan de un complejo excepcional por su ubicación en un ambiente rural, probablemente vinculado a su situación estratégica en una encrucijada de caminos.
Fuente Álamo deja de ser así una villa rústica y se convierte en un importante conjunto de arqueología superpuesta con una vida que ocupa todo el primer milenio de la Era Cristiana.
Tras el abandono de la villa por sus moradores legítimos, es ocupada por otras gentes hasta el siglo X que le procuran un fuerte deterioro y expolian todos los elementos constructivos y decorativos de lujo. Esta comunidad islámica dejó su huella en la ocupación activa de las dependencias de la villa unas veces aprovechando lo existente, otras, destruyendo las estructuras y mosaicos romanos como ocurrió con una almazara instalada en la zona norte de la villa.
Sin duda alguna, una vez concluyan las investigaciones en curso, Fuente Álamo supondrá importantes avances en la conceptualización de este tipo de asentamientos en la Peninsula Ibérica, convirtiéndose, asimismo en un recurso cultural y turístico de primer orden.


Puente Genil

No hay comentarios:

Publicar un comentario